En el castillo embrujado
la gente oía ruidos
a la noche
de fiesta y de luna.
Noche de mis sueños,
mi noche de alegría.
Fue a la fiesta
de Julián y
comió mucha torta,
rica, torta sabrosa,
la que prepara mi tía loca.
Mi vecina
que grita todo el día,
día tras día, noche tras noche,
me despierto con
este mismo sentimiento,
muy profundo.
Siento al escuchar una melodía
que entra por la ventana
de mi alma,
que abraza el alba
al despertar en la mañana.
Mi alma sana
el corazón roto.
Porque deja un dolor
que nadie puede curar,
heridas del pasado.
Para sentirse más feliz
con uno mismo,
como eres,
es como tienes que
actuar en tu vida.
Es disfrutarla,
respetarla, amarla,
vivirla por sobre todos
los obstáculos ocasionados
por las rúculas bailarinas
que poco saben de la
dulce miel del verano.
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